El “papelillo de mortadela”

Me resulta incomprensible a la vez que lamentable el hecho de que nos hayamos acostumbrado a ver gente pidiendo por las calles, personas con la mano extendida en el suelo de las puertas de los comercios, padres que buscan en la basura o niños en bicis que venden los panes hechos por sus madres, carteles que hacen públicas las miserias de quienes los portan… En definitiva, nos hemos acostumbrado a que haya personas que se traguen sus “vergüenzas” para poder dar de comer a sus hijos o comprarse un cartón de vino. Esto último lo he oído, más veces de las que me hubiera gustado, a modo de justificación o argumento para no meter la mano en el bolsillo. Sé que mi opinión resultará contraria a la de muchos pero yo no me cuestiono si quien pide lo hace para comprar vino u otro vicio. El que pide está pidiendo y yo lo que me cuestiono es si le doy mi ayuda o no.

Es precisamente esta, la pregunta que me ha llevado a escribir esta reflexión. ¿Qué hace que prestemos nuestra ayuda a unas personas y no a otras?

La respuesta me la dio una señora en la puerta de un supermercado.  !Guapa!…. ¿me compras un “papelillo de mortadela? , como no la entendí bien le presté más atención: “Que si me compras un “papelillo” de mortadela… o de salchichón… o de lo que tú quieras, me dijo. La señora llevaba un carrito de la compra y esperaba fuera del supermercado a que los clientes que salían, fueran completando su lista de la compra. Cuando yo lo hice le había comprado el salchichón y la mortadela (no sabía por qué decidirme y pensé: dos mejor que uno).

Sintiéndome satisfecha con nuestra compra y de camino a casa me vino a la mente otra señora, otra que suelo ver en un supermercado distinto. Una señora silenciosa y que pide monedas a través de un vasito de plástico. Me sentí decepcionada conmigo misma. Nunca le había dado una sola moneda a esa señora que he visto tantas veces y a esta, que solo he visto una vez, no solo le he dado dos monedas (en forma de paquete de embutido) sino que además me he tomado la molestia de llegarme a la charcutería a buscar su encargo.

¿Por qué es más fácil invitar a un bocata o un cafelito que cuesta uno con cincuenta que dar un euro? ¿Por qué le doy el euro que lleve en el bolsillo al hombre del perro del semáforo y no le compro unos clínex al chico del otro cruce?. Pues porque yo tengo un perro al que quiero. Y el hecho de que ese hombre tenga otro, me hace creer identificar una pequeña parte de su esencia. Comparo mis sentimientos con los de él, comparo a su perro con el mío, comparo mi situación con la suya… De alguna manera, me resulta más fácil ponerme en el lugar del hombre del perro que en la del chico de los clínex.

Seguramente la señora silenciosa que espera monedas necesita comer tanto o más que la señora del carro de la compra pero, yo no sé si le gusta el embutido. A mi sí, y a la señora del carro de la compra también.

Así que la respuesta a mi pregunta del porqué ayudo a unas personas y no a otras es muy sencilla: porque esas personas hacen un uso involuntario de la empatía ajena en su propio beneficio.

Si puedo reconocer, identificar o comparar un sentimiento, una emoción… en un desconocido que pide ayuda, desearé que su situación cambie y obraré en consecuencia porque, a veces, la empatía duele, pero ese es otro tema.

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Paloma

    Muy interesante tu reflexión sobre el “papelillo de la mortadela” pero quizás mi comentario sería: ¿Es empatía o se trata simplemente de egoísmo intentando satisfacer en el otro lo que “a mí” me gusta o me puede interesar?

    1. Fani

      Hola Paloma, gracias por tu comentario.
      Estoy de acuerdo contigo en que a veces, los actos que tenemos hacía otras personas, están promovidos por un sentimiento personal, un miedo a que “pueda pasarme a mi”, e incluso por hacernos sentir satisfechos con nosotros mismos al haber ayudado a otra persona. ¿Lo mueve el ego? Supongo que si. Bien podría tratarse de un egoísmo ético, buscando un beneficio posterior pero, espero que lo que a mi me motivase ese día, fuera la empatía. 😉

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