Empatizando por la vida

Voy a dejaros unas palabras que intentan dar mi visión sobre la empatía desde que tuve conciencia de ella hasta hoy en día, donde la utilizo asiduamente en mi vida personal y profesional.

La empatía llegó a mi vida en plena adolescencia y a través de la literatura, de una de esas novelas que cayó en mis manos de la biblioteca familiar. Era una novela autobiográfica de Dostoievski en la que con la figura de un hombre de clase noble nos hace un recorrido de su vida como prisionero en Siberia. El relato me intereso tanto que investigando en la Enciclopedia Larousse (la mejor en aquel momento) descubrí que Dostoievski fue quien pasó por aquellas celdas y empaticé tanto con aquel escritor muerto hace más de 100 años que llegué a sentirme como él en mi cuarto de adolescente de segunda mitad de los años 80 del siglo pasado.

Otro hecho importante en relación a la empatía ocurrió cuando me trasladé con 24 años a vivir a Valencia. Aquellos años eran los últimos coletazos de la llamada “ruta del bacalao”, pero dado que en los primeros meses de mi llegada no conocía a mucha gente, devoraba libros que un amigo me iba recomendando por aquel medio de comunicación que se usaba masivamente: la carta. Uno de esos libros fue “El corazón de las tinieblas” de Joseph Conrad, otra autobiografía de alguien que realiza un recorrido por un río de la África colonial de finales del siglo XIX en busca de un hombre desquiciado. Al igual que en el caso de Dostoievski, investigué hasta descubrir que el libro inspiró la película “Apocalipsis Now” (que había visto años antes) en la que el hombre desquiciado es el Coronel Kurtz. Kurtz es un hombre derrotado por el mundo primitivo, terrible y misterioso que le rodea, al que el personaje principal, otro militar del ejército americano tiene como misión asesinarle por haberse convertido en un “loco”, y todo eso en mitad de la guerra del Vietnam en la que todo en sí mismo era “Horror”.

En este segundo impacto en mi trayectoria vital, me doy cuenta de lo importante de conocer y analizar las emociones, para con buena disposición, las adecuadas habilidades y un apoyo coherente poder manejar mi inteligencia emocional. A partir de aquel momento, he intentado ponerme en el lugar del otro, incluso creo que elegí la carrera universitaria de psicología por llegar a meterme en la mente del otro, algo que con los años ha derivado en ayudar al otro a mejorar su vida.

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